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“Terapia Ocupacional e Integración Sensorial: Una nueva forma de ver y entender los problemas de aprendizaje y comportamiento”

September 1, 2016

Hay problemas evidentes, como el sarampión, los huesos rotos o la falta de visión, pero hay otros no tan evidentes, como los que subyacen a un aprendizaje lento o a un comportamiento inadecuado. Las causas más comunes de esta situación tienen que ver con una inadecuada integración sensorial en el cerebro del niño. Estos problemas no son evidentes, pero ocurren en niños de todo el planeta, haciendo que algunos niños brillantes presenten dificultades de aprendizaje en la escuela, y que otros con padres ejemplares y un entorno favorable se comporten mal. El proceso de integración sensorial es automático en la mayor parte de las personas, y por eso nadie tiende a pensar en ello de modo consciente, como ocurre con los latidos del corazón o la digestión, de ahí que, aunque los problemas de integración sensorial lleven a dificultades graves, no suelen ser detectados ni considerados. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La integración sensorial se define como el acto de organizar las sensaciones para su uso. A través de los sentidos obtenemos datos sobre las condiciones físicas de nuestro cuerpo y del medio que nos rodea. El cerebro, por su parte, debe organizar todas estas sensaciones para que la persona pueda moverse y aprender a comportarse de manera productiva. El cerebro localiza, clasifica y ordena las sensaciones, igual que un agente de tráfico organiza el flujo de vehículos en un cruce. Cuando las sensaciones fluyen de forma organizada e integrada, el cerebro las utiliza potencialmente para crear percepciones, comportamientos y aprendizaje. Cuando el flujo de sensaciones es caótico, la vía puede ser como un embotellamiento de tráfico en hora punta. 

La respuesta adaptativa que se produce tras el proceso de Integración Sensorial, es la conducta con objetivo concreto que se elabora después que el Sistema Nervioso ha manejado es información (un bebé ve y oye el sonido de un sonajero y levanta los brazos para alcanzarlo) y en los niños, el juego constituye el mayor generador de este tipo de respuestas, que favorecen el desarrollo de la integración sensorial. A su vez, a medida que se desarrolla la integración sensorial, se favorece la organización y la adquisición de destrezas más complejas. De este modo, el niño va preparándose para atender bien a sus tareas escolares y tener éxito ante los desafíos que se le presentan en la vida. 

 

 

“Integración sensorial deficiente, síntomas de alarma y evaluación” 

 

Cuando el cerebro no es capaz de integrar bien las sensaciones, se ven afectadas muchas facetas de la vida cotidiana. En estos casos, los niños deben realizar mayores esfuerzos que los demás, enfrentarse a más dificultades en la vida, y los resultados tienden a tener menos garantía de éxito o satisfacción. Algunos de ellos parecen niños sin ningún tipo dificultad y presentan cocientes de inteligencia medios o incluso superiores a la media, mientras que otros reciben diagnósticos médicos o educativos no asociados a la integración sensorial. En general la mayoría de los niños para los que las disfunciones en integración sensorial pueden convertir tareas relativamente sencillas en obstáculos insuperables, carecen de cualquier tipo de diagnóstico ya que son niños sanos, en los que, únicamente, el proceso para interpretar el mundo y relacionarse con él, no está funcionando del todo bien. 

Algunos niños no integran de manera adecuada sensaciones táctiles, visuales y auditivas que interpretan como molestas e invasivas, esta hipersensibilidad puede manifestarse en comportamientos como irritabilidad o retirada cuando se le toca, evitación de ciertas texturas de ropas o alimentos o reacciones de miedo excesivo en relación con estos estímulos. En contraste con los niños hipersensibles, un niño que responde a un nivel de estimulación más bajo del usual, puede buscar experiencias sensoriales intensas y mantenidas, por ejemplo da vueltas sobre sí mismo o choca adrede con objetos o personas a su alrededor, para así conseguir recabar más información sensorial de la que su sistema nervioso hiposensible le brinda. Algunos niños pueden presentar problemas de coordinación como consecuencia de un deficiente conocimiento de sí mismo (el desarrollo del esquema corporal depende de la integración de las sensaciones procedentes del propio cuerpo), la coordinación es necesaria para desenvolverse con eficiencia en actividades motoras gruesas, como mantener el equilibrio, o finas, como escribir. Otros signos que evidencian, ya en preescolar, una integración sensorial deficitaria, son retraso en el lenguaje o en el rendimiento académico, a pesar de una inteligencia normal, por limitaciones en la capacidad de atención. 

En general, todo esto se traduce en una pobre organización del comportamiento, los niños pueden ser impulsivos o presentar problemas de atención, mostrar falta de planeamiento motor (cómo hacer) al abordar tareas de todo tipo. Algunos niños tienen dificultad para adaptarse a situaciones nuevas, otros pueden reaccionar con frustración, agresividad o rechazo, cuando se dan cuenta de que fracasan, etc. Detrás de todos estos signos, de tipo más conductual o emocional, de un desordenen el procesamiento sensorial, suele haber una pobre autoestima, una honda sensación de incompetencia y un sentimiento de desesperanza. 

La evaluación de este tipo de trastornos es muy compleja, ya que aislar problemas de integración sensorial para medirlos es algo realmente complicado, requiere vigilar al niño mientras juega, estudiar cómo se desenvuelve en situaciones normales, exponerlo a pruebas tipificadas y tratar de analizar cómo funciona su cerebro a la hora de responder a la información que recoge del medio. Sólo el ojo entrenado del Terapeuta Ocupacional con la colaboración de aquellos que acompañan al niño durante el día, padres y profesores, es capaz de detectar sutiles matices que distinguen a los comportamientos basados en una buena integración sensorial de los asociados a una integración sensorial deficiente. 

 

 

¿En qué consiste la terapia? 

 

Cuando la terapia de integración sensorial es exitosa, el niño es capaz de procesar información sensorial compleja de una manera más efectiva. Esto puede tener un número importante de beneficios. Una mejora en la coordinación motora puede ser manifestada por la habilidad del niño para realizar con más destreza las tareas motoras gruesas y finas en un nivel de complejidad que no sería esperado alcanzar sin la intervención. Para el niño, que originalmente presentó unos niveles de respuesta a la estimulación sensorial manifestados con irritación (por hipersensibilidad) o, en el otro extremo, con indiferencia (por baja sensibilidad), tener respuestas más normales puede dirigirle a tener un mejor control y desarrollo emocional, mejora de destrezas de interacción social, o mayor autoestima. Algunos niños mostrarán adelantos en el desarrollo del lenguaje, mientras otros mejorarán significativamente en las tareas escolares, ya que su sistema nervioso comienza a funcionar más eficientemente.

 

 

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